ANSIA DE ARTE

Todos los ríos van a la mar, y la mar no se desborda. Esa frase del Eclesiastés siempre me causó inquietud. Me hace pensar, cuando estoy pisando una playa, que piso un recipiente sin límite y sin fondo, perfecto. Y eso mismo podría decirse de la literatura, de la pintura, del arte en general. Todo arte tiene como objetivo saciar una sed, y la sed nunca se sacia. El que abre un libro, por muy hermoso o muy sabio que éste sea, apenas está mojando los labios de un agua dulce y sabrosa, pero insuficiente. Siempre necesitará más y más. Y lo increíble  es que siempre hay más, siempre hay alguien escribiendo un libro nuevo, componiendo una nueva canción, pintando un lienzo. La sed es infinita,  pero la capacidad humana para crear belleza es aún más grande.
Es algo que me maravilla, por ejemplo, de los libros de Álvaro Cunqueiro. Los leo una y otra vez y siempre encuentro algo nuevo. Belleza original y reconfortante. Muy parecida a la que Vito García Cano inventa en sus cuadros. Ya lo he escrito en otras ocasiones. Lo que Vito pinta, como lo que Cunqueiro escribía, no son retratos para que uno los tome al pie de la letra. Son recreaciones personalísimas de alguien que ha decidido cerrarle las puertas a la maldad, a lo feo del mundo. Y no es escapismo, ni mucho menos. No es el falso optimismo de los ignorantes. Es supervivencia. Es un modo elevado que tiene la inteligencia de proteger al alma. 
Vivimos tiempos difíciles; quizás como el que han vivido todo los hombres de todos los tiempos. Pero nunca como ahora estuvimos tan indefensos ante  el bombardeo continuo de las barbaridades que ocurren en cualquier rincón del mundo. Resulta imposible escapar. En la tele, en la prensa, en internet, no se habla más que de crisis, guerras, desastres ecológicos. Ignorancia. Nada de esto es ajeno al arte de Vito Cano, como nada de su tiempo fue ajeno a Cunqueiro. Pero ellos no están dispuestos a añadir basura a la basura. Ni opinan ni critican ni juzgan. Solo crean un mundo distinto, menos doloroso, más humano. Un mundo donde uno se planta a la orilla de uno de estos lienzos y siente un infinito agradecimiento por esta sed inmensa de mirar al abismo, porque todas las angustias del hombre vayan hacia el Arte, y porque el Arte no se desborde.
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