EL MAJADERO QUE DA LA CAMPANADA

campanas y badajada foto de Imelda Portillo

Nada tan melancólico ni tan literario como el sonido de una campana repicando a lo lejos. Pero, despojada de poesía, la realidad es que ese sonido lo arranca el batir de un simple badajo sobre un hueco vientre de metal. De hecho, el término badajo no es sino una evolución de la voz latina battuere, que significaba batir, golpear. Tan metida está en nuestra piel esta estampa de la campana cantando su canción de hierro a las sucesivas generaciones de hablantes que la lengua ha confeccionado unas metáforas específicas para el sonido propiamente dicho y otras para el metal que produce ese sonido.

Empecemos por el metal, ese que los diccionarios, al menos desde Nebrija, 1495, han venido llamando badajo. Muy pronto la lengua española le sacó equivalencias a este pedazo de hierro, colgante, bateador y ruidoso. Me huelo que la última no hubo de ser la de compararlo con el pene, por más que esta equivalencia no figure hasta el RAE de 2001. Basta leer estos versos del Romancero General, escritos con mucho doble sentido en 1600 por mano anónima:

Un sacristán se querella,
Diciendo: — ¡Cosa es pesada
Que por este ceguezuelo
Pase yo vida tan mala,
Y que jamás de la mano
El badajo se me caiga,
Llamando a pique repique
A mi bella y dulce dama!

Otra extensión metafórica del badajo es la de majadero. El Diccionario de Autoridades de 1726 afirma que “se llama badajo al hablador, tonto y necio. Está tomada la metáfora del remate del badajo, que es grueso y basto, como lo es el entendimiento del necio y pesado en su conversación”. Con anterioridad, Covarrubias, en 1611, había dicho al respecto que “al necio que sabe poco llaman badajo, porque es gordo de entendimiento como el extremo del badajo de la campana, contrario al agudo, y por esta misma razón le llaman porro y majadero”.

Al golpe del badajo contra la campana se le llamó badajada, que es palabra muerta y sustituida hoy por badajazo. Pero, antes de morir y, mediante ese prodigio de paternidades que es la metáfora, había ampliado su significado. El Diccionario de Autoridades de 1726 define a las mil maravillas este proceso metafórico: “se llama badajada cualquiera palabra o razón necia, de mucho ruido y poca sustancia, a imitación del golpe que da el badajo en la campana, que causa un sonido sin articulación, y así la lengua del necio pronuncia voces sin sustancia”.  Era lógico que, siendo el badajo un necio, de su boca salieran badajadas, es decir, necedades y despropósitos.

Pero, olvidemos al badajo. Centrémonos en el sonido de la campana. Verán que las cosas toman otro sentido, y otra palabra. Por lo pronto ya no le llamamos badajada ni badajazo sino campanada. Y, al contrario de lo que ocurría con el badajo, las metáforas nacidas de “campanada” tienen connotaciones positivas: dar la campanada, echar campanas al vuelo, etc.  Y eso que el Autoridades de 1723 entendía por campanada “el ruido que causa en algún pueblo o provincia la acción extraña, escandalosa o ridícula de alguno, o la admiración que causa alguna cosa peregrina”. Sin embargo, hoy entendemos que alguien da la campanada no necesariamente cuando se produce un “escándalo o novedad ruidosa” sino también cuando, de forma súbita y notoria, obtiene un significativo logro.

Badajo, badajada, badajazo, viejas palabras en retirada. Y es una pena, precisamente ahora que, al calor de las nuevas tecnologías y de ciertos programas de televisión, no es infrecuente ver cómo cualquier badajo da la campanada sin más mérito que pasar el día tocándose el badajo mientras suelta una ristra de badajadas.

4 thoughts on “EL MAJADERO QUE DA LA CAMPANADA

    1. Creo que sé por dónde vas, y la respuesta es que se convertirán en papel muy pronto. Gracias, Almagro. Tus palabras han inaugurado la nueva etapa de este blog, así que, fíjate, otra cosa más que nos une. Un abrazo.

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