EL EDEN DE LOS AUTÓMATAS

EL EDEN DE LOS AUTÓMATAS
ALONSO GUERRERO
Plaza y Janés 2004

Las masas burguesas, escribió Thomas Mann en Muerte en Venecia, se regocijan con las figuras acabadas, sin vacilaciones espirituales; pero la juventud apasionada e irreverente se siente atraída por lo problemático”. Pues bien, de esta juventud apasionada e irreverente es de la que se nutre la novela de Alonso Guerrero.
Es esta la historia de una búsqueda, de un viaje desde el confort del mundo burgués hasta el infierno de las ideologías radicales, y difícilmente encontraremos personajes que se presten a ello con tanta entrega como estos jóvenes ansiosos por derrocar los valores de la civilización que les precedió.
En realidad, esta novela es la historia de una búsqueda en tres direcciones. La de Javier Capdevila -alias Hamlet-, la de Eduardo Freire y la de Ofelia. Tres jóvenes de una amplia cultura –por más que Ofelia no haya concluido sus estudios de bachillerato-, que hablan en un lenguaje conformado por axiomas y proposiciones -lo que nos hace pensar a los que conocemos al autor que éste ha puesto mucha carne propia en cada uno de ellos-, y que, a pesar de sus esfuerzos, nunca llegan a encontrarse. Ni siquiera será posible el que los tres  personajes lleguen a estar juntos en un mismo lugar, puesto que Freire conoce a Ofelia, la novia de Hamlet, una vez que éste ya se ha suicidado. 

Así pues, el eje de la novela es averiguar cuáles fueron los motivos que empujaron a Hamlet al suicidio. Pero no nos engañemos:el autor, que no ha pretendido adentrarse en el género de las novelas de aventuras ni policíacas, pronto se desvía hacia otros derroteros: la introspección.
En ese sentido, El Edén de los Autómatas es una novela de tesis, una novela que parece pensada para estos tiempos de recesión y de crisis, una novela en la cual se nos dice que “este mundo vuelve a pedir a gritos barricadas y poesía social”. 

Si cuando Cela presentó su novela Oficio de tinieblas 5 pudo decir que “esto no es una novela, sino la purga de mi corazón”, yo me atrevo a afirmar que con El Edén de los Autómatas Alonso Guerrero ha hecho una triple purga: la de su estilo –definitivamente depurado y sensiblemente más asequible-; la de sus fantasmas de escritor periférico que lo empujaban al alarde lingüístico y al soliloquio; y la purga de su intelecto, que queda en estas páginas al desnudo, tras un striptease arriesgado y acaso no siempre comprensible, pero que el buen lector ha de entender como lo que es: la voluntad sincera e inteligente de un hombre de letras por explicarnos el mundo que pasa ante sus ojos.
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