ESE SEÑOR DE BIGOTES

Hace unos días entré en el bar, me fui, como tengo costumbre, directo a los periódicos, y me sorprendió no encontrar la columna de Manuel Alcántara. Después otro cliente tomó el periódico, hizo una pesquisa rápida entre sus páginas y preguntó si sabía por qué en la contraportada no estaba, como siempre, ese señor de bigotes. Con los días ha ido creciendo el número de curiosos, hasta que al cabo la barra se ha cuajado de tipos enfermos de saudade hacia un señor con el cual jamás hemos cruzado una palabra. La magia de la palabra bien escrita.
Ya había oído muchas veces lo de que el vuelo de una mariposa en la China puede desencadenar un tornado en Alabama, pero nunca lo vi claro. Ahora, lo que sí puedo testificar es que un anciano poeta se rompe la caderaen Málaga y se levanta sobre miles de pechos dispares una oleada de ausencia. Esto no ocurrió ni cuando la enfermedad de Paco Umbral. Umbral, con ser el más grande, tenía un público limitado. Lo insólito de Manuel Alcántara es que lo leen los iletrados y los catedráticos, los de izquierdas y los de derechas, y todos aterrizan sobre el punto y final con una sonrisa en los labios o con el meneo displicente de cabeza con el que se toleran las agudezas de un hermano mayor, díscolo y ocurrente.
Quizás esto ocurra porque las columnas de Alcántara cumplen con el único y verdadero objetivo del oficio de escritor, que no es sentar cátedra ni acumular acólitos sino deleitar. Pudiera ser. Quién puede desentrañar los misterios del arte. El caso es que la cadera rota de un señor de bigotes ha sacado a la luz lo famélicos que andamos, hoy y siempre, de palabras sensatas. Vivir es convivir con el misterio. Y acaso entre esa cadera rota y este ahogo de ausencia vuele una mariposa china. 
Publicado en la contraportada periódico Extremadura
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