FILOSOFÍA LÍQUIDA

Quien domina a la perfección un oficio conoce a la perfección el mundo. O eso dicen. Yo no sé si es cierto, pero sí que cuando uno sabe un oficio todo lo ve bajo la luz de su profesión. Traté hace años a un mecánico de motos que dividía a los hombres en dos categorías: los que tienen y los que no tienen perlas en la bujía , es decir, en bobos y cabales. Y cuando el pescadero de mi barrio quiere afirmar que un negocio es provechoso dice que tiene “la sangre en el ojo, como las sardinas frescas”. Sin embargo, mi filósofo predilecto es un viejo tabernero. Ayer mismo me acerqué a él para preguntarle sobre la remodelación de gobierno que ha hecho Zapatero . Mire usted, me dijo, “cuando el encargado de un bar espanta a la clientela con sus torpezas, ya puede ofrecer agua bendita que la gente no vuelve ni a tiros; en esos casos lo mejor es echar el cierre o traspasar el negocio, y no andar gastando dinero y energías en balde”. No creo que los filósofos de mi barrio sepan ni por asomo quién es Zygmunt Bauman , el último premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, pero seguramente les caería bien el tipo. Porque también es viejo y porque conoce bien su oficio y por que conoce bien el mundo. Su teoría más famosa es la de la Modernidad líquida , y sus libros más prestigiosos son Vida líquida y Miedo líquido. Se conoce que este hombre lo ve todo en términos líquidos. A lo mejor su primer oficio fue también tabernero. El caso es que asegura que “la izquierda ha olvidado su compromiso de defender a los pobres y compite con la derecha por allanar el camino al gobierno de los mercados”. O sea, lo que dicen en mi barrio: les dimos un país con la sangre en el ojo y tendremos que traspasar el negocio porque a estos tipos les han salido perlas en las bujías.
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