INICIACIÓN A LA PREHISTORIA

AIDEMI
LECCIÓN SEGUNDA
Iniciación a la Prehistoria


Los historiadores no se ponen de acuerdo en acotar ese periodo al que llamamos Prehistoria. Por lo tanto, si fuéramos vagos, con decir que fue un periodo larguísimo, cubríamos expediente y nos quedábamos tan frescos. Pero como uno tiene sus lecturas, su pundonor y su EGB terminada, no nos conformamos con eso y diremos que la prehistoria abarca a ese tramo de tiempo que va desde la aparición del ser humano hasta la invención de la escritura; osea, que empezó unos seis millones de años atrás y concluyó hace unos cinco mil años. Tal que ayer.
Por cuestiones de pedagogía se suele dividir en tres edades: piedra, bronce, hierro, según dictaran las revista de moda femenina cómo debían ser las bragas en aquella temporada. Esta lección se centrará en la Edad de Piedra.
Edad de Piedra:     dividida a su vez en tres etapas.

Paleolítico. 6.000.000 a 12.000 a.C. Como todo el mundo sabe, hasta este instante el hombre, es decir Adán, vivía tan ricamente en el Paraíso, a base de subvenciones, pluses y trienios, y sin darle un palo al agua. Pero por discrepancias entre la patronal y el sindicato (que por razones obvias aún se llamaba sindicato único), al hombre lo expulsaron del Paraíso y tuvo que buscarse la vida. Eso sí que fue un palo. De ahí que a este periodo se le llame Paleolítico. Aún así, los hombres se aclimataron y no lo pasaron del todo mal. Aprendieron a vivir en paz y concordia, en grandes chalet de piedras, decorados con pinturas rupestres y con vistas al campo. Luego, con el tiempo, apareció el primer Botín, inventó la hipoteca y nuestros protopadres se vieron obligados a abandonar sus casas y salir de nuevo a buscarse la vida. Por eso se dice que eran nómadas. Lo dice Botín, claro. No obstante, también había momentos de sosiego, en los que trabajaban la piedra y el hueso, y fabricaban útiles herramientas e instrumentos musicales para los ratos de ocio, que no todo iba a ser trabajar, digo yo. De esta fecha, el grupo más famoso fueron Los Silex, cuyo éxito “Si yo tuviera una escoba cuántas hostias repartiría”, tenemos constancia en todos los yacimientos de Europa.
Mesolítico: Entre el 12.000 y 4.000 a. C. Aparece la agricultura y, hacia finales del periodo, el comercio. De ahí creo yo que le viene el nombre: mientras toda la aldea se partía los lomos arando, sembrando, recogiendo y moliendo el grano, un listo puso un mesón en el centro del pueblo y se puso las botas. En el mesón, sin embargo, los vasos seguían siendo de piedra, por eso lo de “mesolítico”, puesto que si llegan a ser de vidrio lo llamaríamos “mesovídrico”, como nadie ignora. 
Como mera anécdota señalaremos que en el Oriente Próximo ya era conocido el uso del bronce y del hierro y que hubo quién trató de introducir estos metales en la Península Ibérica, pero en cuanto se enteró la AMPA (Asociación Mesolítica de Padres Antiprogreso) arrojaron a los innovadores al mar y colgaron en las paredes de las cuevas de enseñanza de educación cavernaria arados de madera, de los de toda la vida.
Neolítico: Desde el 4000 al 1.200 a C. Recibe este nombre por el parecido que los hombres de este período muestran con los neocom actuales, osease, que eran unos friquis de las nuevas tecnologías, que en su caso eran el arado, el arco, la flecha y la rueda con llantas de aleación de piedra. Se les iba el día en mirarse el ombligo y en pintar cerámicas de terracota, sin caer en la cuenta de que, casi al ladito de ellos, al mundo le estaban dando la vuelta como un calcetín: aparecería la moneda, la religión, el Estado. Pero ellos a lo suyo, como si no fuera con ellos la cosa. Hasta que su mundo se fue al garete.
Y así fue como el hombre empezó su andadura, paso a paso, por el camino de la historia. Como un niño. Tan perdido, tan inútil, tan confuso, tan ciego, que se sirvió de dos muletas para no caerse. A estas dos muletas les dimos el nombre de Dios y Dinero. Dos apoyos que de tanto usarlos acabaron por atrofiar los miembros, hasta el punto de que hay quien los confunde con sus propias piernas. 
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