LA GRAN AMENAZA

Paul Krugman, premio Nobel de economía, ha declarado que la amenaza de una invasión alienígena acabaría con la crisis actual. Al pronto creí que lo decía porque un peligro así podría hermanarnos, colocándonos en el carril del sentido común. Pero no. Según el Nobel, una amenaza de ese calibre provocaría que los Estados inyectaran astronómicas dosis de dinero en la fabricación de armamento, lo cual engrasaría la maquinaria económica mundial. No sé si esta teoría quedará algún día demostrada, pero por lo pronto ya ha demostrado que se puede ser un Nobel sin dejar de ser un bocazas.
Muy mal amuebladas deben andar las cabezas si necesitamos una amenaza exterior para hacernos sentir en peligro. Como si toda la historia de la humanidad no fuera una lección de permanente amenaza. Qué lástima que con la de cosas buenas que quedan por hacer, males que arreglar, injusticias por corregir, desigualdades por reparar, una ceguera congénita o malintencionada nos lleve a la conclusión de que la crisis se soluciona recortando en ciencia, en sanidad, en educación, y gastando en burocracia y armamento.
Bertrand Russell, cuando el mundo andaba inmerso en aquella otra gran crisis, antesala de la Segunda Gran Guerra, escribió que la solución pasaba por invertir en educación, eliminar los ejércitos nacionales y crear un ejército común que defendiera, por encima de los intereses de las naciones, los intereses de la raza humana. Claro está que a Russell le interesaba mucho más la conquista de la felicidad que la conquista de los mercados. Por eso le dieron el Nobel de Literatura y no el de Economía. Se conoce que el de Economía lo tienen reservado para los cerebros que gustan más de algoritmos y de alienígenas que de la felicidad humana, esa bagatela que no cotiza en Bolsa.
                                        Publicado en la contraportada del Periódico Extremadura
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