PARA QUÉ SIRVE UN GOL

Sizzla es un cantante jamaicano que hace apología de la violencia contra los homosexuales. Por lo que dice uno de sus éxitos más sonados, sodomitas y maricas, muerte para ellos, hay quien cree que el sonado es él. Lo cierto es que no acierta ni con la rima. La buena noticia es que sus recitales por España han sido suspendidos gracias a la presión de las redes sociales.
Con un poco de suerte, Sizzla se irá a casa con el rabo entre las piernas (uy lo que le he dicho) y se habrá ganado una batalla a la estupidez. Pero celebrar esto como un triunfo es tan precipitado como celebrar un gol temprano del Atlético de Madrid. Siempre hay tiempo para perder por goleada. Para qué sirve entonces un gol si no ganas el partido. Y en el partido contra la estupidez no hay descansos como en el fútbol. Es preciso estar atentos, porque no todos los bobos llevan escrito en la cara que lo son. La mayor simpleza puede provenir de quien menos te lo esperas. 


Un tipo rebozado en un par de licenciaturas y un traje de corte impecable puede soltarte que la maternidad es lo que hace auténtica a una mujer y quedarse tan pancho. Y encima no puedes tocarle la cara porque lleva gafas. Y aún otro tratará de convencerte de que gastar más de 80.000 euros del dinero público en un retrato de José Bono es cabal y sensato. La tradición es así, ha dicho el presidente de la Cámara, cuando lo que desearíamos escuchar es que, si la tradición es ridícula, cambiarán la tradición. Para eso les votamos, para que nos alejen de la estupidez y acorten distancias entre lo descabellado y el cielo. Claro que después de que Fidel Castro dijera que el Papa Benedicto XVI “tiene cara de ángel” quizás el cielo tampoco sea la mejor opción. Hay que seguir presionando.
Contraportada del periódico Extremadura
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