ANFITRION: ETIMOLOGÍA, ORIGEN Y LEYENDA

Anfitrión: Este nombre, en puridad, como tal nombre propio, corresponde al mitológico rey de Tebas, de quien se tienen noticias de ser muy aficionado a dar banquetes. No obstante, la etimología real es incierta y lo más que se puede decir es que acaso esté emparentada con el nombre de la diosa Anfitrite: reina del mar, hija de Nereo, del que, a su vez, sólo se puede asegurar a ciencia cierta ser palabra compuesta de: Amphi “doblemente, por ambos lados”, y Trite, voz seguramente derivada de Tritón, nombre mitológico procedente de Teiro, ” el que desea”. Que cada cual lo interprete a su conveniencia.
Lo que sí sabemos es que en la Antigüedad circulaba la siguiente leyenda, que es la dará pie a la actual acepción de la palabra castellana.

Alceo y de Astidamia tuvieron un hijo, Anfitrión, al que casaron con su propia prima, Alcmena, hija de Electrión, rey de Micenas. Hasta aquí todo parecía irle de maravilla al muchacho, si no fuera porque un día, justo cuando iba a consumar el matrimonio, el rey de Tafos declara la guerra a Micenas, asesinan a los ocho hermanos de Alcmena y él, por esas cosas que pasan, mata sin querer a su suegro, por lo cual es expulsado de la ciudad.
Alcmena, que además de hermosísima debía ser una señora de los pies a la cabeza, no le abandonó en la desgracia. Ahora bien, le puso un par de condiciones que habrían hecho dudar a cualquiera que no fuese un héroe mitológico: debía ir a Tebas para ser purificado por Creonte y, después, vengar la muerte de sus ocho hermanos. Y qué iba a hacer nuestro aprendiz de esposo y de príncipe sino lo que habría hecho cualquiera, es decir, agachar la cabeza y cumplir con los deseos de su esposa. En efecto, Anfitrión se fue a la guerra y dejó en casa a la joven y bella Alcmena, ocasión que aprovechó Zeus, que era un pillo de mucho cuidado, para tomar la apariencia de Anfitrión, convencer a la criatura de que ya había hecho los deberes, y encetar el pastel. Pastel, por cierto, que tan sabroso debió resultarle, que el propio dios, fascinado y moroso, pidió al Sol no tuviera ese día prisas por salir a trabajar y se tomara un descanso de setenta y dos horas, para así él recrearse a su placer en el fingido papel de Anfitrión. 
A todo esto, el verdadero Anfitrión estaba de regreso, cumplidas ya sus tareas, cuando el adivino Tiresias, el ciego que todo lo veía, el listillo que todo lo sabe y que en todas partes hay, va y le pone al tanto de lo que ocurría en su propio lecho. Anfitrión se llevó un disgusto, claro. No era para menos. El por ahí guerreando y su señora dándose la buena vida. Menos mal que Zeus se lo impidió, pero su primera intención fue prender fuego a la casa con su señora dentro. Zeus, pico de oro, le hizo comprender que Alcmena no había tenido ni poca ni mucha culpa y que compartir bocado con el dios de los dioses tampoco es moco de pavo. Y, como suele decirse, el que no se consuela es porque no quiere, Anfitrión perdonó a su esposa y decidió gozar de la tan postergada noche de bodas. Con tanto ajetrio Alcmena quedó preñada. Por duplicado. Del verdadero Anfitrión y del fingido. De su marido engendró a Íficles y de Zeus a Hércules, pero esta es otra historia. La cuestión es que esta leyenda fue llevada al teatro con muchísimo éxito por Plauto (254-184 a.C.), y volvería a ser reinterpretada en 1668 por Molière. Y es justo en esta obra molieresca donde Sosias, mensajero de Anfitrión, que se ha pasado media obra confundido con la identidad de su amo, dice al final: “le véritable Amphitryón est l`Amphitryon où l`on dine…”, algo así como que el verdadero Anfitrión es con el que se cena…”
La frase cayó en gracia y la palabra Amphitryon no tardó en pasar a la lengua francesa con el significado de el que invita a cenar”. Hay, además, que tener en cuenta que por aquellos entonces el francés era la lengua más prestigiosa del mundo, como lo es ahora el inglés y antes lo fuera el castellano, por eso no debe extrañarnos que la palabra se acomodara al castellano sin problemas. Tanto es así que la RAE de 1860 ya recoge el término como de uso cotidiano.
Y, ahora sí, ya podemos entender e incluso mirar con más simpatía, esta palabra que nuestro diccionario define así:
 

anfitrión, na.: (De Anfitrión, rey de Tebas, espléndido en sus banquetes).
1. m. y f. Persona o entidad que recibe en su país o en su sede habitual a invitados o visitantes. U. t. en apos. Ganó el equipo anfitrión.
2. m. y f. coloq. Persona que tiene invitados a su mesa o a su casa. 

De mi libro Hombres con nombre 
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