ARLEQUÍN. INFIERNO DE UN HOMBRE DE TALENTO. ETIMOLOGÍA.

Retrato de Tristano Martinelli

Estamos a mediados del siglo XVI. En Mantua, Italia. Un actor va a subirse a un escenario o acaso esa tarde actuara bajo los soportales de una plaza pública. Es un hombre joven, ágil y talentoso. Busca el modo más original, barato y práctico de sorprender, llamar la atención del público. Prueba suerte. Confecciona para la ocasión una vestimenta con retales de viejas y coloridas ropas. Se tizna la cara con hollín y sale a dar su espectáculo de volteretas y bufonadas. A la vuelta de un par de siglos, un helado, un carácter, incluso una forma particular de canoa llevarán su nombre. Así es la vida de las palabras.

El actor se llamaba Tristano Martinelli y su personaje, Arlecchino. El hombre nació en Marcaria el 7 de abril de 1557 y murió en Mantua el 1 de marzo de 1630. El personaje nació hacia 1584 y es inmortal. Robert Henke escribe en su libro “Performance and literature in the Commedia Dell’Arte”:

“entre 1584 y 1621 el actor más visible y que con mayor influencia representa la antigua tradición bufonesca fue el actor de Mantua Tristano Martinelli, el primer arlequín”

Comparable al Charlot moderno, la fama del personaje nacido del ingenio de Martinelli fue de tal calado que acabó por devorar a su propio creador. Martinelli, allá donde fuera, era siempre y nada más que Arlecchino. Nunca más pudo representar otro papel.
En su origen italiano, el personaje se caracterizaba por su talante cínico y perezoso. En 1795, Tieck en su farsa para marionetas Hanswurst als Emigrant lo incorpora a la comedia alemana convertido en Hanswurst, personaje pícaro, descarado y burlesco. En Francia mantuvo el nombre, pero se tornó más estilizado, elegante y plástico. Se tiene constancia de la llegada de Martinelli a España en el año 1587, enrolado en la compañía de Alberto Naselli, donde cosechará sus más grandes triunfos.

 Aquí se le conocía como Arlequín o Arnequín, que es como sugiere llamarle Covarrubias en el Tesoro de la lengua Castellana. Para Covarrubias, el origen del nombre tiene que ver con una figura de madera con forma humana que utilizaban los pintores como modelo y que se usaba recubierta con piel de cordero. Y de esta “pelis agnis” griega derivaría el nombre “arlequín”. Es una más de las curiosidades etimológicas de Covarrubias. Las fuentes modernas estiman que arlequín proviene del italiano Arlecchino y éste, a su vez, del francés Hellequin, una especie de diablo popular.

Autoridades define Arlequín como: Aprendiz, y como criado del Volatin, que dá vueltas y salta en la maroma. Viene a ser como el gracioso que hace el papel del que no sabe en aquel juego o representación. Dixose Arlequín decirto bufón del theatro Francés de este nombre.
Fernando Cabezas y su Inferno
Y pone como nobles testigos a Góngora y Quevedo: *Tus calles siempree paseo / tiesso como vn harlequín, / y mis ojos tras los tuios / corren como quis vel qui (Góngora, Romances, a). *Ansí buesos y arlequines, / peranzules y botargas, / a vista de las estrellas, / la bailen danzas de espadas. (Quevedo, Poesías, a).
En la siguiente edición, en 1770 , la palabra queda resumida de este modo: “gracioso, o bufón de la comedia italiana, y también de los volatines”. Definición que recogerán las doce ediciones siguientes del RAE.
No será hasta la edición de 1869 en que se modifique el texto de la entrada, apareciendo, al fin, el famoso sorbete de colores. El lema queda registrado del siguiente modo:
“(del ital. Arlechino) I Personaje cómico de la antigua comedia italiana, que llevaba mascarilla negra y traje de cuadros o lasanje de distintos colores.
II Persona vestida con este traje.
III fig. y fam. Persona informal, ridícula y despreciable
IV fig. y fam. Sorbete de dos o más sustancias y colores.
Durante cinco ediciones más se mantendrá el mismo contenido, y solo se modificará en la edición de 1927 donde se le añadirá la acepción ” en cuba, postre de frutas de diferentes clases, en conserva”. Así se mantendrá hasta la 22 edición de 2001, donde se añadirá un par de nuevas acepciones, quedando de tal modo:
Arlequín. (RAE, edición 22, 2001)
1. m. Persona cuyo vestido en un espectáculo o fiesta remeda el de Arlequín, personaje de la comedia del arte, que llevaba mascarilla negra y traje de cuadros o losanges de distintos colores.
2. m. Gracioso o bufón de algunas compañías de volatines
3. m. Cada uno de los dos bastidores verticales que, en cada lateral, definen con el bambalinón la embocadura del escenario en los teatros.
4. m. coloq. Persona informal y ridícula.
5. m. coloq. Sorbete de dos o más sustancias o colores.
6. m. desus. Tejido de hilo o lana y de colores variados.
7. m. Canoa de fondo plano para cazar o pescar en los ríos.
Esta es la historia de una palabra, pero también de un hombre de genio. Un cómico, Tristano Martinelli, engullido por un golpe de genialidad. Sobre su persona apenas se dice nada en la Red, tan generosa con gente de poco sustento. Apenas media cuartilla en la wikipedia italiana. Nada en español. Justo es citar al actor y escritor Fernando Cabezas, quien a su memoria dedicó la obra teatral “Inferno” estrenada en Madrid en septiembre del 2012. En ella, Martinelli es un actor desesperado a quien el fracaso lleva a vender su alma al diablo a cambio de fama y fortuna. Lo cierto es que logró ambas cosas, pero no Martinelli, sino Arlecchino. Y es que el diablo siempre encuentra un modo sutil, cruel e irónico de burlarse de la clientela.

De mi libro Nombres con hombres
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