BORGEN. ALGO NO CUADRA EN DINAMARCA

Un amigo que conoce mi afición por los países nórdicos me señala espantado un titular de prensa donde muestra a  Dinamarca como el país con más alto porcentaje de denuncias por violencia de género de la Comunidad Europea.

.- Para que tú veas – me dice con recochineo -, tan rubios, tan modositos, tan hiperbóreos, tan educados, y resulta que tienen más larga la mano que el PIB.

Bajo el titular se aportan datos avalados por la Comunidad Europea y refrendados por el propio Ministerio danés de Asuntos Sociales, con lo cual yo me quedo sin palabras y más triste que un lunes. Para que entiendan mi estupor he de confesar que hace semanas que estoy enganchado a Borgen, una magnífica serie de televisión danesa y, llámeme usted hipocondríaco si quiere pero, cuando una serie extranjera me gusta, el alma se me nacionaliza y sus tropiezos me duelen como yerros propios.

Dejen que les cuente por encima el argumento de Borgen porque tiene su miga y algo retrata del espíritu danés. Es la historia de cómo una mujer llega a Primer Ministro, luego de que el tipo que ocupaba anteriormente el cargo tuvo que dimitir por haber pagado con fondos públicos un bolso de su mujer.

Sí, ha leído usted bien: un bolso. Y seguramente se esté haciendo la misma pregunta que yo me hice, ¿Están locos estos daneses? Si consideran que escaquear un bolso basta para derrocar un gobierno, ¿qué pensarán entonces cuando se enteren de que con todos nuestros Bárcenas, nuestros Urgangarines, nuestros aeropuertos de pega, nuestros ERES y nuestras mil diversas trapisondas no dimite ni un conserje? El dinero de un bolso se lo echa un concejal español en un ojo y ni le escuece.

Por lo tanto, la siguiente y lógica pregunta es: ¿cómo se explica que gente que se escandaliza por tan poco tenga luego en casa la mano tan larga? Hay que reconocer que algo no cuadra.  Máxime si tenemos en cuenta que en Dinamarca la que gobierna es una mujer –al igual que en Borgen- y que casi un veinte por ciento de los altos cargos directivos está ocupado por mujeres, mientras que la media europea no llega a un diez por ciento.

Animado por estos datos me decidí a indagar. Y averigüé que no es que allí peguen más, es que allí se denuncia cada caso, algo que no ocurre en otros países, y no quiero señalar a nadie. Y se denuncia más sencillamente porque el gobierno protege a la violentada de una forma contundente y eficaz. Médicos, jueces, policías, psicólogos. Un paraguas legal protegiendo a la víctima. Lo que me hace pensar que en una democracia verdadera no hay sexo débil cuando hay un músculo legal que le salvaguarde. En Dinamarca se dota a la denunciante de un sueldo temporal de mil cuatrocientos euros mensuales, para que rehaga su vida. Así sí. En otros sitios lo más que puede decirle el juez al agresor es “anda, tontorrón, júrame por Snoopy que no vas a tocarla más, que sé dónde vives y me he quedado con tu cara”.  Con ese respaldo, ya me dirá usted quién es la guapa que denuncia nada. 

Publicado en el diario HOY el sábado 10 de mayo de 2014
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