EL PRIMER CORTE ES EL MÁS PROFUNDO

Es curioso que la obra cumbre de la literatura griega, la literatura homérica, con la cual se inaugura toda la literatura occidental, sea una obra de literatura utópica, un canto de melancolía por un mundo que nunca existió: cuando los hombres eran héroes, casi dioses, y los dioses se mostraban como hombres. Es decir, que desde siempre hemos tenido el ojo puesto en un horizonte ficticio. Esto no es que sea bueno ni malo, pero da justa medida a aquel pensamiento, patético y certero, que en su día escribió Bertrand Russell: Hitler quiso ser Napoleón, Napoleón quería ser Julio César, César imitaba a Alejandro Magno, y Alejandro soñaba con ser Aquiles, que nunca existió.
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