MICROGÉNESIS

Sentado en el filo del Bing Bang, Dios se aburría. Decidió escribir una novela-río, pero a la larga se lo pensó mejor y se estuvo quietecito. Una novela-saga no le iría mal a mi tedio, se dijo, aunque luego añadió, sí, pero, y tanto novelar, a cuento de qué. Entonces se decidió por un relato, al que abandonó al cabo de poco por un magnífico cuento que tiempo después también dejaría inconcluso en los anaqueles de la Nada. Hagamos pues un microrrelato, se dijo en un  súbito arranque de decisión. Pero, después de pensarlo durante un segundo, le pareció que no iba a compensarle el esfuerzo, y la indecisión volvió a paralizarle. Hasta que un día abrió la boca y dijo, como para sí mismo: hágase la luz. Y de un sintagmazo creó el mundo.     
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