SARA SOLOMANDO, RETRATO AL NATURAL

Lo que más hipnotiza en esta mujer no son sus enormes ojos negros de niña en constante proceso de fermentación, ni esa pose de seguridad con la que asusta a los timoratos, es su boca, grande, carnosa y elástica, con una dentadura en avanzadilla como torre del homenaje de una fortaleza que invita al asedio. Su risa es armónica. Se ríe en tres oleadas sonoras que son como tres golpes de pecho en una catedral vacía. Luego, de repente, para y retoma el hilo del discurso. Me suena esta risa. Es la risa retumbante de los tímidos. Hay risas que se construyen como murallas o habitación del pánico a donde corremos a la primera señal de peligro. Le delata también ese tic con el que la mano derecha martiriza el meñique de la izquierda mientras hablamos. Dos manos pajarinas, huesudas y de uñas cortas. Sin embargo, esta mujer pequeña, excesivamente – a mi parecer- delgada y frágil, en cuanto percibe la proximidad del micrófono, por ese milagro de las vocaciones irreprimibles, se esponja, se crece, se dilata, se enseñorea. Es periodista en cada poro de su piel. Pregunta lo que quieras, me dice, y se coloca detrás de la muralla de su dentadura inexpugnable. Hay mujeres así, que sólo entienden la vida como un campo de batalla. 
La entrevista a Sara Solomando se publica el domingo 20 de octubre en el diario HOY

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