VITO CANO, DECISIÓN Y VÉRTIGO.

La revista de arte Monolito ilustra su portada con algunos trabajos del pintor Vito Cano. Para tal ocasión, solicitaron que escribiera unas palabras. Aquí podrás leerlas y acceder de modo directo al original de la revista mexicana.

VITO CANO, Decisión y vértigo
Una vuelta a la tortilla, óleo de Vito Cano
El profesor de literatura sacó un día a su alumno preferido de clase y lo colocó en el centro de la biblioteca más grande de la ciudad. Por mucho que vivas, le dijo, por muy ávido de lecturas que seas, a lo más que alcanzarás será a leer uno o dos de esos estantes. Y, por si fuera poco, a la vuelta de un suspiro, habrás olvidado la mayor parte. El resto te será por siempre inaccesible. Lo que queda fuera del alcance de la yema de tus dedos es infinito. El quid de la sabiduría no estriba tanto en abarcar como en saber elegir. Y el muchacho se quedó boquiabierto, con levadura de hormigas en el estómago. Eso que llaman vértigo. 
Cuando me asomo a un cuadro de Vito Cano siempre me viene a la cabeza la historia de la librería y del vértigo. Será porque le conozco desde que emborronó su primer lienzo y, justo por eso, sé la de laberintos que ha recorrido su mano hasta alcanzar la maestría de la elección perfecta. De la abstracción a la imitación, de lo figurativo a lo fantástico. El vértigo de un horizonte sin límites. Muchos artistas se pierden en ese paisaje y en esos laberintos. Vito Cano, que llegó a la pintura sin nada que perder, miró al abismo y tuvo clara la elección. El color como expresión, la fantasía como declaración de intenciones, la dulzura como manifiesto.
Que el mundo es ancho y ajeno ya nos lo enseñó el poeta; que trae las alforjas cargadas de días áridos y grises lo sabemos por las cicatrices que va dejando en nuestra propia alma. Pero también tiene días luminosos y corre por la calle gente amable y a la que le quedó un pellizco de niñería en los ojos. Esta fue la elección de Vito Cano. La que le convierte en ese artista tan particular, tan reconocible, tan él mismo. Se sentó un buen día frente a un lienzo en blanco y decidió desdeñar el lado sucio y árido del mundo. Está ahí. Existe. Pero que lo pinten otros.
 Asomarse, entonces, a la obra de Vito Cano es tomar conciencia de que miramos un diminuto y humilde estante de esa inabarcable librería que es la vida y su batalla, sí; pero también intuimos que somos testigos de algo más, intuimos que eso que miramos es el estante luminoso y noble, colorista y auténtico con el que un artista de talento ha decidido contarnos el mundo. Su elección. Su propio refugio de colores contra el vértigo
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