EXTREMISTAS

Autor foto, Imelda. R. Portillo
La forma más eficaz de seducción de que se vale la inteligencia es el silencio. Todo el mundo es sabio hasta que abre la boca. Pitágoras fue el primero en darse cuenta y prohibió a sus discípulos que hablaran acerca de sus doctrinas. Por eso se reía de ellos Isócrates diciendo que los pitagóricos son más admirados por lo que callan que los sabios por lo que pregonan.
Siguiendo esta filosofía del misterio y la oscuridad, los extremistas se están haciendo un lugar en el mapa de Europa. Agazapados en un rincón del panorama político, dejan que se agoste el discurso de sus adversarios y asoman la patita, ungidos de un populismo mesiánico, vendiéndose como salvadores de un mundo en declive. Es una película que ya hemos visto. Y sabemos cómo acaba. Por eso, a pesar de las voces que se levanten en contra, debemos celebrar sin escándalo el que en Alemania hayan decidido, después de setenta años de silencio, hacer una edición crítica del Mein Kampf de Hitler y distribuirlo por los colegios. Hágase la luz. No hay escrito ideológico que resista una buena edición crítica. Ni ideológico ni religioso.
Autor mosaico, Vito Cano
Si hicieran lo mismo con todos los libros sagrados que infectan el mundo igual averiguábamos que hacen menos bien que daño y que su prestigio está más fundamentado en la oscuridad que en el sentido común. La palabra de Jesucristo, por ejemplo, con ser tan moderna que ya en aquella época era parabólica, no soportaría una revisión crítica. Qué habría quedado para el hombre de haber seguido al pie de la letra lo de dar al César lo suyo y a Dios lo que corresponde. Las tres comidas diarias, los sindicatos obreros y la jornada de cinco días se lograron enseñando los colmillos tras una revisión crítica de la vieja doctrina, no poniendo la otra mejilla. A más luz, menos caverna.

Contraportada del periódico Extremadura

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