MALDITA SUERTE

 

La suerte, la buena y la mala, es sicaria del azar, que es cosa bien distinta. El azar es un acontecimiento cuya resolución no está en nuestras manos, mientras que la suerte es el modo, favorable o no, en que se resuelve ese acontecimiento. El azar gasta ironías en las que la suerte es un mero actor de reparto, como cuando hace que una misma circunstancia sea una suerte para unos y un fastidio para otros.

Que alguien contratara como matones a dos chapuzas ha sido una suerte para el empresario al que pretendían matar, pero a Facundo Cabral le ha costado la vida. De igual manera, lo que para España, Grecia, Portugal e Italia es una mala situación económica para cierta casta política y para los grandes mercados es un chollo. Solo que lo nuestro no es cuestión de mala suerte, sino de haber confiado demasiado en el azar y demasiado poco en la sensatez.

Por algún oscuro motivo confundimos la mala suerte con la mala cabeza y con la mala gestión. Ahí está, por ejemplo, Grecia, en la absoluta ruina, pero con el mayor gasto militar de Europa, mientras que en educación invierte tan poco como en los tiempos de Sócrates. Ya sé que dependiendo del bando al que pertenezca cada cual se culpará a la izquierda, al centro o a la derecha, pero la realidad es que hemos pasado por todo tipo de gobiernos y en todos primó el dinero de unos pocos sobre el bien del resto. Nuestra mala suerte ha sido confiar en gente que no ha sabido hacer bien su trabajo y convirtió la democracia en una timba amañada donde la peor suerte siempre toca a los mismos.

Y encima se extrañan de que la gente ya no se fíe ni de la política ni de los políticos. No es fácil convencer a un ratón de que un gato negro trae suerte. 
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Publicado el
@ Quédese con el cambio 2018
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